La riada fue consecuencia de la ruptura de un dique que contenía 62 millones de metros cúbicos en depósitos de agua y de residuos minerales de Samarco, en el municipio de Mariana, en el sudeste de Brasil.
"La situación puede resumirse en dos palabras: río muerto", definió Luciano Magalhães, director de análisis del Servicio de Agua y Desague de la región. Para el investigador Marcos Freitas, de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), territorios cubiertos por el barro se volverán "cementerios biológicos".
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